IL TROVATORE, DE GIUSEPPE VERDI NUEVA COPRODUCCIÓN DEL TEATRO REAL

Entre los días 3 y 25 de julio el Teatro Real ofrecerá 14 funciones de una nueva producción de Il trovatoredeGiuseppe Verdi, en coproducción con la Ópera de Montecarlo y la Royal Danish Opera, que han estrenado la producción el pasado año.

Il trovatore, cuya función del sábado 6 de julio está integrada en la programación de la 5ª edición de la Semana de la Ópera (6 al 14 de julio), será retransmitida para todo el mundo en el canal Facebook del Teatro Real, en su plataforma de ópera en streaming, en Opera Vision –plataforma de OPERA EUROPA- y en pantallas instaladas en todos los rincones de España (inscripciones abiertas hasta el 30 de junio).

La dirección musical de este popular título verdiano será de Maurizio Benini ─quien ya ha dirigido Tosca y L’elisir d’amore en el Real─ y la puesta en escena de Francisco Negrín, de quien se pudo ver en 2010  L’arbore di Diana, de Vicent Martín y Soler.

Tres repartos darán vida al truculento ‘drama gótico’ de Verdi. Componen el cuarteto protagonista en el estreno y retransmisión mundial de la ópera el tenor Francesco Meli (Manrico, Il trovatore), la soprano Maria Agresta (Leonora), la mezzosoprano Ekaterina Semenchuk (Azucena) y el barítono Ludovic Tézier (Conde de Luna). En los mismos papeles se alternarán con Piero Pretti, Hibla Gerzmava, Marie-Nicole Lemieux y Artur Rucinski (segundo reparto); y el mismotenor Piero Pretti, con Lianna Haroutounian, Marina Prudenskaya y Dimitri Platanias (tercer reparto).

La producción de Il trovatore que se podrá ver en el Real, concebida por Francisco Negrín, pretende ayudar al espectador a deslindar los tenebrosos meandros del drama, alumbrando sus pulsiones ocultas. Partiendo de los elementos dramatúrgicos estructurales de la obra ─el tiempo, el fuego y la noche─, Negrín desvela los fantasmas y visiones de los protagonistas y resalta los constantes flashbacks de la imbricada trama que enfrenta a las coronas de Aragón y Cataluña, inspirada en la obra homónima del escritor romántico español Antonio García Guitérrez.

Será la tercera vez que Il trovatore se presenta en el reinaugurado Teatro Real ─en 2000, con García Navarro y Elijah Moshinsky, y en 2007, con Nicola Luisotti y la misma producción─, después de las más de 300 funciones de la ópera que han tenido lugar entre 1854 (fecha de su estreno en Madrid) y 1925. Entonces, como ahora, este título es uno de los más queridos del público español.


IL TROVATORE

Dramma en cuatro partes

Música de Giuseppe Verdi (1813-1901)

Libreto de Salvadore Cammarano, basado en la obra de teatro El trovador (1836) de Antonio García Gutiérrez
 
Estrenada en el Teatro Apollo de Roma, el 19 de enero de 1853


Estrenada en el Teatro Real el 16 de febrero de 1854

Coproducción del Teatro Real con la Opera de Montecarlo y la Royal Danish Opera de Copenhague

EQUIPO ARTÍSTICO

Director musical Maurizio Benini 

Director de Escena Francisco Negrín

Escenógrafo y Figurinista Louis Desiré

Iluminador Bruno Poet

Director del Coro Andrés Máspero

REPARTO

El conde de Luna Ludovic Tézier (3, 6, 9, 13, 18 y 24)

Artur Rucinski (4, 8, 19, 23 y 25)

Dimitri Platanias (12, 16 y 21)

Leonora Maria Agresta (3, 6,9, 13 y 18)

Hibla Gerzmava  (4, 8, 19, 23 y 25)

Lianna Haroutounian (12, 16, 21 y 24)

Azucena Ekaterina Semenchuk (3, 6, 9, 13, 18, 21 y 24)

Marie-Nicole Lemieux (4, 8, 12, 16 y 19)

Marina Prudenskaya  (23 y 25)                   

Manrico Francesco Meli (3, 6, 9, 13, 18, 21 y 24)

Piero Pretti (4, 8, 12, 16, 19, 23 y 25)

Ferrando Roberto Tagliavini

Inés Cassandre Berthon

Ruiz Fabián Lara

Un mensajero Moisés Marín

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real

Las funciones de Il trovatore cuentan con el patrocinio de

MANRICO, EL HÉROE VERDIANO Y LA FUERZA DEL DESTINO

Joan Matabosch

La acción dramática de “Il Trovatore” se sitúa en la España del siglo XV, durante la guerra civil que enfrentó al conde Jaime de Urgell, pretendiente de la corona catalanoaragonesa tras la muerte de Martín el Humano, y a Fernando de Antequera, de la rama de los Trastámara, finalmente coronado rey por el Compromiso de Caspe (1412). Este es el contexto en el que se desarrolla la tragedia homónima de Antonio García Gutiérrez estrenada en el Teatro del Príncipe de Madrid en 1836 con un éxito memorable. Mariano José de Larra, liberal e ilustrado, fue uno de los primeros en deshacerse en elogios y en considerarla una obra “plenamente romántica”. Años después Benito Pérez Galdós aseguraría que el texto de García Gutiérrez escondía “una médula revolucionaria dentro de la vestidura caballeresca; en él se enaltece al pueblo, al hombre desamparado, de obscuro abolengo, formado y robustecido en la soledad: hijo, en fin, de sus obras; y salen mal libradas las clases superiores, presentadas como egoístas, tiránicas, sin ley ni humanidad”.

Como afirmaba Larra, la obra es “plenamente romántica” en primer lugar porque se desarrolla en el mundo de la caballería y del romance medievales, que los románticos siempre prefirieron al mundo clásico: un castillo, un campo de batalla, un claustro y una prisión son los espacios de la trama; y en segundo lugar porque el protagonista se escapa radicalmente del arquetipo del clasicismo, que era el del poderoso encarado a la responsabilidad de su deber. Manrico, el protagonista de “Il Trovatore”, encarna la esencia misma del héroe romántico trágico, obligado a jugar la partida de la vida con unas cartas marcadas por un destino adverso: es un proscrito social que se cree hijo de una gitana; es un rebelde comprometido políticamente con los Urgell, la dinastía derrotada; es un alma sensible dedicada, como trovador, a componer los poemas que cantarán los juglares, profesión revestida en la época de una aura de marginalidad; rechaza las normas sociales y cualquier sentido de la autoridad; y encima está enamorado de una dama de la corte en principio completamente inaccesible, pero que pronto descubriremos que lo corresponde desafiando ella también esas normas sociales, indiferente a la amenaza de que su amante tenga un origen tan despreciable para los demás. Y, frente a Manrico, el conde de Luna es la encarnación misma del antihéroe romántico: poderoso, perteneciente a la facción de los victoriosos Trastámara, cruel, implacable y rechazado por la dama que pretende.

Es precisamente en la figura de Manrico donde convergen las dos obsesiones que enmarcan la acción, la pasión amorosa y la pasión por la venganza, dos tramas que tienen por protagonistas a las dos mujeres: la aristócrata Leonora, su amante; y la gitana Azucena, que lo ha criado desde su nacimiento y a quien cree su madre.

Manrico es, en ambas tramas, la víctima trágica de las intrigas de los Luna. Y cuando, finalmente, el conde de Luna encierra en prisión a la madre y al hijo y ordena la ejecución del trovador, Azucena revela que Manrico es, en realidad, su hermano, que ella había raptado recién nacido para vengar la muerte de su madre en la hoguera por bruja pero que luego, incapaz de asesinarlo, había adoptado como un hijo enfrentándose ella misma a terribles pesadillas presididas por la vieja ardiendo en la hoguera y clamando venganza. Finalmente, muy a pesar de la voluntad de todos los demás personajes, se acabará consumando esa venganza que exigía la vieja desde la pira en su último aliento.

Será la fatalidad de este cruce de pasiones amorosas y vengativas lo que llevará a que, sin saberlo, uno de los hermanos ejecute al otro. Por eso Benito Pérez Galdós consideraba que “aquello de resultar hermanos los dos rivales, también tiene su miga: no es otra cosa que el principio de igualdad, proclamado de forma dramática”. Todo ello dentro de la muy verdiana idea de una “fuerza del destino” contra la que se estrellan los esfuerzos del héroe que, según Pierre Milza, “Verdi hizo suya desde el principio de su carrera (…) y alimentó toda su obra, proporcionándole su tonalidad pesimista y prometeica. Pesimista, puesto que el héroe verdiano es vencido al final, al igual que el hombre en su lucha contra la muerte. Prometeica, puesto que, aunque sea desesperado, el cuerpo a cuerpo con el destino legitima su existencia y fundamenta su grandeza”.

Joan Matabosch

Director Artístico del Teatro Real

IL TROVATORE

ARGUMENTO

ACTO I

Dentro del cuarto de guardia del palacio de Aragón, el capitán Ferrando ordena a sus hombres que estén pendientes de Manrico, el trovador y enemigo del conde de Luna. Fuera, el conde merodea impaciente bajo la ventana de Leonora, esperando la llegada de Manrico. El conde está enamorado de Leonora, pero ella ama a Manrico.

Intentando que los guardas no se duerman, Ferrando cuenta un episodio de la historia del conde: el conde tenía un hermano menor que quedó debilitado y enfermo por el hechizo de una gitana muchos años atrás. Por ello el rey la condenó a morir en la hoguera. Desde la pira, ella encargó a su hija Azucena vengar su muerte. Azucena secuestró al bebé del rey y lo lanzó a la hoguera para que muriera junto a su madre. A pesar del hallazgo de huesos de niño entre las cenizas, el rey se negó a creer en la muerte de su hijo. Muchos años después, en su lecho de muerte, encomendó a su hijo buscar a Azucena.

Leonora, en su habitación, se confía a su amiga Inés, y le dice que ama a Manrico. Aunque Inés muestra sus reservas, Leonora las desdeña. Leonora escucha la voz de Manrico en la distancia y se apresura a salir a recibirle. En la oscuridad, confunde al conde con Manrico, pero por suerte enseguida aparece Manrico. Ella corre a su lado para abrazarle. Loco de celos, el conde reta a Manrico a duelo. Este acepta el desafío a pesar de que Leonora hace todo lo posible por impedirlo. Los dos hombres se pierden en la noche para pelear.

ACTO II

A la caída de la tarde, Manrico está sentado junto a la cama de su madre en el campamento gitano mientras se oye a los gitanos entonar su canto. Azucena, que no ha olvidado la petición de venganza de su madre, le cuenta a Manrico que, cuando raptó al bebé del rey, se confundió de niño y arrojó por error a la hoguera a su propio hijo.

Aun a sabiendas de que no es su hijo biológico, Manrico le jura que su amor hacia ella sigue intacto. Después de todo ella siempre ha sido cariñosa y leal con él. Jura a su madre que la ayudará a obtener venganza, pero confiesa que es incapaz de matar al conde de Luna. Le cuenta que aunque salió vencedor en el duelo, sintió que una extraña fuerza le dominaba y le impedía acabar con la vida de su enemigo.

Llega un mensajero que anuncia que Leonora ha entrado en un convento creyendo que Manrico ha muerto. Determinado a impedirlo, Manrico corre hacia Leonora, a pesar de las objeciones de su madre. En el exterior del convento, el conde ha preparado un plan para raptar a Leonora. La pasión que siente hacia ella es aún más ardiente que antes. Cuando Leonora aparece con las demás monjas, el conde pone en marcha su plan. Pero Manrico llega justo a tiempo para salvar a Leonora y ambos huyen juntos del conde y sus hombres.

ACTO III

El campamento del conde ha sido instalado no muy lejos de donde se encuentran Manrico y Leonora. Ferrando entra con Azucena, a quien ha capturado cuando merodeaba fuera. Ella alega que ha perdido a su hijo y lo está buscando. Cuando el conde desvela su identidad Azucena se queda petrificada. En ese momento Ferrando reconoce en ella a la mujer que raptó al hermano pequeño del conde, y ordena que Azucena muera en la hoguera.

Manrico y Leonora, enamorados y felices, están a punto de contraer matrimonio. Cuando van a pronunciar sus votos, irrumpe Ruiz, amigo de Manrico, y cuenta que Azucena está prisionera y condenada a morir en la hoguera. Manrico lo deja todo y corre en su ayuda.

ACTO IV

Cuando Manrico llega a las puertas de la prisión donde se encuentra su madre es también capturado. Ruiz acompaña a Leonora a la cárcel y ella promete que le salvará. Poco después llega el conde. Con el único fin de que su amado quede libre, ella promete entregarse al conde, pero secretamente ingiere veneno. No permitirá que el conde la haga suya.

Dentro de la celda, Manrico consuela a su anciana madre, que finalmente se queda dormida soñando con días más felices. Llega Leonora y apremia a Manrico para que escape. Pero cuando este se entera de cómo ha conseguido llegar hasta él, se siente traicionado y se niega a abandonar la celda. Enseguida el veneno empieza a hacer efecto y Leonora se desploma en brazos de Manrico. Ella dice a Manrico que prefiere morir en sus brazos a casarse con otro hombre.

Cuando el conde entra en la celda, Leonora acaba de morir y ve su cuerpo exánime en brazos de Manrico. Encolerizado, ordena a sus hombres ejecutar a Manrico. Azucena se despierta y, cuando ve que la ejecución ha tenido ya lugar, grita que su madre ha sido vengada: el conde ha matado a su propio hermano.

Fuente: teatro-real.com

IL TROVATORE, BY GIUSEPPE VERDI NEW COPRODUCTION OF THE ROYAL THEATER

Between July 3 and 25 the Teatro Real will offer 14 performances of a new production of Il trovatore, by Giuseppe Verdi, in co-production with the Monte-Carlo Opera and the Royal Danish Opera, which premiered the production last year.

Il trovatore, whose function on Saturday July 6 is integrated into the programming of the 5th edition of the Opera Week (July 6 to 14), will be broadcast worldwide for the Real Theater’s Facebook channel, on its platform of opera in streaming, in Opera Vision – OPERA EUROPA platform – and in screens installed in all corners of Spain (registrations open until June 30).

The musical direction of this popular Verdian title will be Maurizio Benini, who has already directed Tosca and L’elisir d’amore in the Real, and the staging of Francisco Negrín, from whom it was possible to see in 2010 L’arbore di Diana , by Vicent Martín and Soler.

Three deliveries will give life to the gruesome ‘gothic drama’ of Verdi. They compose the quartet protagonist in the world premiere and broadcast of the opera the tenor Francesco Meli (Manrico, Il trovatore), the soprano Maria Agresta (Leonora), the mezzo-soprano Ekaterina Semenchuk (Azucena) and the baritone Ludovic Tézier (Conde de Luna). In the same roles they will alternate with Piero Pretti, Hibla Gerzmava, Marie-Nicole Lemieux and Artur Rucinski (second cast); and the mismotenor Piero Pretti, with Lianna Haroutounian, Marina Prudenskaya and Dimitri Platanias (third cast).

The production of Il trovatore that can be seen in the Real, conceived by Francisco Negrín, aims to help the viewer to separate the dark meanders of the drama, illuminating his hidden impulses. Starting from the structural dramaturgical elements of the work ─ time, fire and night─, Negrín reveals the ghosts and visions of the protagonists and highlights the constant flashbacks of the imbricated plot that faces the crowns of Aragon and Catalonia, inspired by the homonymous work of the Spanish romantic writer Antonio García Guitérrez.

It will be the third time that Il trovatore is presented at the reopened Teatro Real in 2000, with García Navarro and Elijah Moshinsky, and in 2007, with Nicola Luisotti and the same production, after the more than 300 opera performances that have took place between 1854 (date of its premiere in Madrid) and 1925. Then, as now, this title is one of the most beloved of the Spanish public.

IL TROVATORE

Dramma in four parts

Music by Giuseppe Verdi (1813-1901)

Libreto de Salvadore Cammarano, based on the play El trovador (1836) by Antonio García Gutiérrez
 
Premiered at the Apollo Theater in Rome, on January 19, 1853

Premiered at the Teatro Real on February 16, 1854

Co-production of the Royal Theater with the Opera of Monte Carlo and the Royal Danish Opera of Copenhagen

ARTISTIC TEAM

Musical Director Maurizio Benini

Director of Scene Francisco Negrín

Scenographer and Figurist Louis Desiré

Illuminator Bruno Poet

Director of the Andrés Máspero Choir

DISTRIBUTION

Count of Luna Ludovic Tézier (3, 6, 9, 13, 18 and 24)

Artur Rucinski (4, 8, 19, 23 and 25)

Dimitri Platanias (12, 16 and 21)

Leonora Maria Agresta (3, 6,9, 13 and 18)

Hibla Gerzmava (4, 8, 19, 23 and 25)

Lianna Haroutounian (12, 16, 21 and 24)

Azucena Ekaterina Semenchuk (3, 6, 9, 13, 18, 21 and 24)

Marie-Nicole Lemieux (4, 8, 12, 16 and 19)

Marina Prudenskaya (23 and 25)

Manrico Francesco Meli (3, 6, 9, 13, 18, 21 and 24)

Piero Pretti (4, 8, 12, 16, 19, 23 and 25)

Ferrando Roberto Tagliavini

Inés Cassandre Berthon

Ruiz Fabián Lara

A messenger Moisés Marín

Choir and Orchestra Titulares del Teatro Real

The functions of Il trovatore are sponsored by

MANRICO, THE VERDIAN HERO AND THE STRENGTH OF DESTINY

Joan Matabosch

The dramatic action of «Il Trovatore» is located in the Spain of the 15th century, during the civil war that confronted Count Jaime de Urgell, pretender of the Catalan-Aragonese crown after the death of Martín el Humano, and Fernando de Antequera, of the branch of the Trastámara, finally crowned king by the Commitment of Caspe (1412). This is the context in which Antonio García Gutiérrez’s homonymous tragedy takes place, premiered at the Teatro del Príncipe in Madrid in 1836 with a memorable success. Mariano José de Larra, liberal and enlightened, was one of the first to get rid of praise and consider it a «fully romantic» work. Years later Benito Pérez Galdós would assure that the text of García Gutiérrez hid «a revolutionary medulla within the chivalric vestment; in him the people are exalted, the helpless man, of obscure ancestry, formed and strengthened in solitude: son, in short, of his works; and the superior classes, presented as selfish, tyrannical, without law or humanity, go wrong. «

As Larra said, the work is «fully romantic» in the first place because it develops in the world of chivalry and of the medieval romance, that the romantics always preferred to the classic world: a castle, a battlefield, a cloister and a prison are the spaces of the plot; and secondly because the protagonist escapes radically from the archetype of classicism, which was that of the powerful faced with the responsibility of his duty. Manrico, the protagonist of «Il Trovatore», embodies the very essence of the tragic romantic hero, forced to play the game of life with some cards marked by an adverse destiny: he is a social outcast who thinks he is the son of a gypsy; he is a rebel committed politically with the Urgell, the defeated dynasty; he is a sensitive soul dedicated, as a troubadour, to compose the poems that the minstrels will sing, profession covered in the era of an aura of marginality; rejects social norms and any sense of authority; and above is in love with a lady of the court at first completely inaccessible, but we will soon discover that it corresponds to defy her also those social norms, indifferent to the threat that her lover has a source so despicable to others. And, in front of Manrico, the Count of Luna is the very incarnation of the romantic antihero: powerful, belonging to the faction of the victorious Trastámara, cruel, implacable and rejected by the lady who pretends.

It is precisely in the figure of Manrico where the two obsessions that frame the action, the passion for love and the passion for revenge converge, two plots that have as protagonists the two women: the aristocrat Leonora, her lover; and the gypsy Azucena, who has raised him since his birth and who believes his mother.

Manrico is, in both plots, the tragic victim of the intrigues of the Moon. And when, finally, the Count of Luna imprisons the mother and the son and orders the execution of the troubadour, Azucena reveals that Manrico is, in reality, her brother, that she had abducted a newborn to avenge the death of her mother at the stake as a witch but then, unable to kill him, had adopted as a son facing herself to terrible nightmares presided over by the old woman burning at the stake and claiming revenge. Finally, very much in spite of the will of all the other characters, it will end up consummating that revenge that the old woman demanded from the pyre in her last breath.

It will be the fatality of this crossing of amorous and vengeful passions that will lead to the fact that, unknowingly, one of the brothers executes the other. That is why Benito Pérez Galdós considered that «that of being brothers, the two rivals, also has its crumb: it is nothing else than the principle of equality, proclaimed in a dramatic way». All this within the very verdian idea of ​​a «force of destiny» against which the efforts of the hero that, according to Pierre Milza, «Verdi endorsed from the beginning of his career (…) and fed all his work, providing its pessimistic and promethean tonality. Pessimistic, since the Verdi hero is defeated at the end, like the man in his fight against death. Promethean, since, although it is desperate, the body to body with the destiny legitimizes its existence and bases its greatness «.

Joan Matabosch

Artistic Director of the Teatro Real

IL TROVATORE

ARGUMENT

ACT I

Inside the guard room of the palace of Aragon, Captain Ferrando orders his men to be aware of Manrico, the troubadour and enemy of the Count of Luna. Outside, the count prowls impatiently under Leonora’s window, waiting for Manrico’s arrival. The count is in love with Leonora, but she loves Manrico.

Trying that the guards do not fall asleep, Ferrando tells an episode of the Count’s story: the count had a younger brother who was weakened and ill by the spell of a gypsy many years ago. Therefore the king condemned her to die at the stake. From the pyre, she commissioned her daughter Azucena to avenge her death. Azucena kidnapped the king’s baby and threw him into the fire to die with his mother. Despite the discovery of child bones in the ashes, the king refused to believe in the death of his son. Many years later, on his deathbed, he entrusted his son to look for Azucena.

Leonora, in her room, confides to her friend Ines, and tells her that she loves Manrico. Although Ines shows her reservations, Leonora disdains them. Leonora listens to Manrico’s voice in the distance and rushes out to meet him. In the darkness, confuses the count with Manrico, but fortunately Manrico appears immediately. She runs to his side to hug him. Crazy with jealousy, the count challenges Manrico to a duel. He accepts the challenge despite the fact that Leonora does everything possible to prevent it. The two men get lost in the night to fight.

ACT II

At the end of the afternoon, Manrico is sitting next to his mother’s bed in the gypsy camp while the gypsies are heard singing their song. Azucena, who has not forgotten her mother’s request for revenge, tells Manrico that, when he abducted the king’s baby, he became confused as a child and mistakenly threw his own son by fire.

Even knowing that he is not his biological son, Manrico swears that his love for her is still intact. After all she has always been affectionate and loyal to him. He swears to his mother that he will help her get revenge, but confesses that he is incapable of killing the Count of Luna. He tells him that although he was victorious in the duel, he felt that a strange force dominated him and prevented him from ending the life of his enemy.

A messenger arrives who announces that Leonora has entered a convent believing that Manrico has died. Determined to prevent it, Manrico runs to Leonora, despite his mother’s objections. Outside the convent, the count has prepared a plan to abduct Leonora. The passion he feels towards her is even more ardent than before. When Leonora appears with the other nuns, the count starts his plan. But Manrico arrives just in time to save Leonora and both flee together from the count and his men.

ACT III

The count’s camp has been installed not far from where Manrico and Leonora are located. Ferrando enters with Azucena, whom he has captured while marauding outside. She alleges that she has lost her son and is looking for him. When the count reveals his identity, Azucena remains petrified. At that moment Ferrando recognizes in her the woman who kidnapped the count’s younger brother, and orders Azucena to die at the stake.

Manrico and Leonora, in love and happy, are about to marry. When they go to pronounce their votes, Ruiz, a friend of Manrico, breaks in and tells that Azucena is a prisoner and condemned to die at the stake. Manrico leaves everything and runs to his aid.

ACT IV

When Manrico arrives at the doors of the prison where his mother is, he is also captured. Ruiz accompanies Leonora to jail and she promises that she will save him. Shortly after the count arrives. With the sole purpose of leaving her lover free, she promises to give herself to the count, but secretly ingests poison. He will not allow the earl to make it his.

Inside the cell, Manrico consoles his elderly mother, who finally falls asleep dreaming of happier days. Leonora arrives and urges Manrico to escape. But when he finds out how he managed to get to him, he feels betrayed and refuses to leave the cell. Then the poison begins to take effect and Leonora collapses in the arms of Manrico. She tells Manrico that she prefers to die in her arms to marry another man.

When the earl enters the cell, Leonora has just died and sees his lifeless body in Manrico’s arms. Angered, he orders his men to execute Manrico. Azucena wakes up and, when she sees that the execution has already taken place, she screams that her mother has been avenged: the count has killed her own brother.