La Mocaorà / La protesta más dulce de la historia

1238 es una fecha histórica para los valencianos porque marca un antes y un después en su imaginario colectivo como pueblo. Sin confirmar, pero, a pesar de ello, establecido como parte de la leyenda, el regalo que recibió Jaume I y la reina Na Violant Hongria el 9 de octubre, tras conquistar el territorio, fueron unos dulces que representaban los frutos de la huerta de Valencia.

Ochocientos años después la tradición manda que cada 9 de octubre, día de Sant Dionís, considerado como el día de los enamorados para los valencianos, los hombres regalen a las mujeres un pañuelo repleto de dulces de mazapán que representan la riqueza que atesora la huerta valenciana en sus campos.

Sin embargo, tenemos que retroceder al siglo XVII para contar la dulce revolución que protagonizaron los pasteleros y por la que “La Mocaorà” adquirió dos iconos que la identifican, más allá, del dulce autóctono como un símbolo de identidad de los valencianos como pueblo.

Tras la Guerra de Sucesión el Decreto de Nueva Planta marcó una prohibición que los valencianos jamás asumieron como tal. Se pretendía que no celebraran la entrada de Jaume I a Valencia. A pesar de este requerimiento legal no fue posible acabar con una tradición popular que se siguió festejando pese a las medidas impuestas por los gobernantes.

De hecho, Sant Dionís era una fiesta muy arraigada en una ciudad en la que la pólvora ya tenía un papel muy significativo. Así, el día anterior de la fiesta grande, llamado para los valencianos, “la vespra”, eran frecuentes los festivales pirotécnicos y lanzar cohetes.

Las crónicas cuentan que un año se llegaron a disparar 13.000 cohetes desde la terraza del Palau de la Generalitat. La tarde del 9 de octubre de 1526, este acto festivo y pirotécnico, se saldó con la muerte de nueve personas y un gran incendio que afectó a veinte casas en la zona del mercado de la capital.

Tras este suceso, Carlos III prohibió fabricar pirotecnia. Los horneros valencianos respondieron al mandato real con unos dulces elaborados de mazapán que representaban los cohetes prohibidos. Se trataba de los petardos conocidos como “piulets” y “tronaors” que, según se dice, representan los órganos sexuales masculinos y femeninos, dada su peculiar forma.

Siglo XIX

Y en el siglo XIX se incorporó a esta celebración el pañuelo con el que se envuelven los dulces. Este pañuelo, que designa la tradición, es una parte inseparable de los mazapanes en forma de fruta, que junto con el “piulet” y el “tronaor” completan el conjunto.

El pañuelo cada año debe ser distinto porque la costumbre marca que las valencianas lo guarden, año tras año, desde el inicio de la relación amorosa con su pareja. Por tanto, la estética de las pastelerías, en muchas ocasiones, regala a los visitantes una delicada exposición de pañuelos.

Estos pañuelos, parte esencial del regalo, son elegidos con esmero por los enamorados para cautivar a sus enamoradas en un día tan señalado. Este evento, no obstante, se ha trasladado a muchos centros comerciales que venden los dulces en cajas de cartón.

Estos dulces, aunque elaborados con la misma receta, carecen del elemento esencial que define “La Mocaorà” y, por tanto, se han de complementar con el requerido pañuelo para que la tradición se mantenga fiel a la historia.

Los valencianos, por tanto, el 9 de octubre celebran su fiesta fundacional que les confirió el valor y la capacidad de ser pueblo y, asimismo, festejan con esta dulce y sabrosa tradición el día de los enamorados, por ser, Sant Dionís.

[the_ad id=’398′]

 

La Mocaorà / The sweetest protest in history

1238 is a historical date for Valencians because it marks a before and after in their collective imagination as a people. Without confirming, but, despite this, established as part of the legend, the gift that Jaume I and Queen Na Violant Hongria received on October 9, after conquering the territory, were sweets that represented the fruits of the orchard of Valencia.

Eight hundred centuries later the tradition says that every October 9, day of Sant Dionís, considered as the day of lovers for Valencians, men give women a handkerchief full of marzipan sweets that represent the wealth that treasures the Valencian garden in their fields.

However, we have to go back to the seventeenth century to tell the sweet revolution that the pastry makers carried out and for which “La Mocaorà” acquired two icons that identify it, beyond, the native sweet as a symbol of Valencian identity as a people.

After the War of Succession the New Plant Decree marked a prohibition that the Valencians never assumed as such. It was intended that they not celebrate the entry of Jaume I to Valencia. Despite this legal requirement was not possible to end a popular tradition that continued to celebrate despite the measures imposed by the rulers.

In fact, Sant Dionís was a party deeply rooted in a city where gunpowder already had a very significant role. Thus, the day before the big party, called for the Valencians, “la vespra”, pyrotechnic festivals were frequent and rockets were launched.

The chronicles tell that a year came to shoot 13,000 rockets from the terrace of the Palau de la Generalitat. On the afternoon of October 9, 1526, this festive and pyrotechnic event resulted in the death of nine people and a large fire that affected twenty houses in the capital’s market area.

After this event, Carlos III prohibited the manufacture of pyrotechnics. The Valencian horneros responded to the royal mandate with some marzipan sweets that represented the forbidden rockets. These were the firecrackers known as “piulets” and “tronaors” which, it is said, represent the male and female sexual organs, given their peculiar form.

XIX century
And in the 19th century the handkerchief with which the sweets are wrapped was added to this celebration. This handkerchief, which designates the tradition, is an inseparable part of the marzipan in the form of fruit, which together with the “piulet” and the “tronaor” complete the set.

Every year the handkerchief must be different because the custom dictates that the Valencian women keep it, year after year, since the beginning of the love relationship with their partner. Therefore, the aesthetics of the bakeries, on many occasions, give the visitors a delicate exhibition of handkerchiefs.

These handkerchiefs, an essential part of the gift, are chosen with care by the lovers to captivate their lovers on such a marked day. This event, however, has moved to many shopping centers that sell sweets in cardboard boxes.

These sweets, although made with the same recipe, lack the essential element that defines “La Mocaorà” and, therefore, have to be complemented with the required handkerchief so that the tradition stays true to the story.

The Valencians, therefore, on October 9 celebrate their founding party that gave them the courage and ability to be a people and also celebrate with this sweet and tasty tradition the day of love, for being, Sant Dionís.