Madrid revive el horror de Auschwitz tras siete décadas

El terror que se vivió en el campo de concentración y de exterminio de Auschwitz (Alemania) no cabe en las palabras. Allí fueron asesinadas más de 1.100.000 personas. El horror instigado por el régimen nazi dejó una huella inmaterial en la conciencia de la humanidad que sirvió para profundizar en la idea de no repetir la barbarie.

A pesar de tanta locura, imposición, violencia y pensamiento único, el rechazo a esos movimientos políticos basados en el odio, culminó generando repudia con solo pronunciar las palabras fascista y nazi. Este triunfo racional del lenguaje acabó con un régimen que hizo ruborizar, hasta en lo más profundo de las entrañas, al imaginario colectivo de los seres humanos.

Esta historia, es lejana y cercana en el tiempo, porque tan solo han pasado 73 años. Ahondar en esa angustia es, como vivir una relación virtual en el presente, que acerca lo lejano y lo convierte en próximo mediante un ordenador conectado a la red eléctrica.

Sin embargo, la muestra exhibida en el Centro de Exposiciones Arte Canal consigue lo mismo trasladando las emociones más intensas y viscerales de los judíos represaliados a unos espectadores que reviven con asco, rabia e incredulidad la realidad de una ideología injusta e irracional que segó vidas, sueños y cambió el mundo para siempre.

Bajo el título Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos la organización evoca una realidad que estremece al público cuando baja las escaleras del local dispuesto a vivir en primera persona un pasado aterrador, e iniciar un viaje en el tiempo, a pesar de saber, que contemplar el horror no incluirá ni el más mínimo rastro de indiferencia.

La enorme sala de exposiciones, dividida en cubículos, está llena de espectadores acompañados de un silencio que inunda las estancias, al contemplar los insólitos limites de la bajeza moral, de aquellos que maltrataron a otros seres humanos por ser diferentes o, más claramente, por vivir su vida a su manera.

El zapato de un niño

Contemplar sus objetos personales es estremecedor pero, aún lo es más, conocer algo de su pasado y sus destinos en un infierno, inmerecido, construido de odio irracional hacia el que es diferente. Conmueve ver el zapato de un niño, de unos cuatro años, en el que, aún descansa su pequeño calcetín.

Ese objeto es el testimonio gráfico y aterrador de la muerte; de su muerte, de las muertes de tantos judíos y de la muerte de una Europa decadente que, en parte, se desvaneció en las cámaras de gas colectivo, presuntamente, bajo el oxímoron del la solución final creyendo ingenuamente que así acabarían con su enemigo.

El pesar más enorme es la tristeza de saber la existencia de otros seres humanos incapaces de distinguir entre el bien y el mal; indolentes ante el sufrimiento ajeno, intentando salvar su mundo basado en fundamentos insostenibles, que justificaron, en aquellos años, las muertes de millones de seres humanos.

Brotan lágrimas

Esta percepción trasciende en la sala donde se exhibe el horror que llega al alma, a la conciencia de los que observan fotografías de personas aterrorizadas en el peor estadio de su vida; brotan algunas lágrimas, miradas tristes y rictus de estupor que, difícilmente, podrán borrar de sus memorias tras contemplar la ignominia.

Esta es la única exposición itinerante sobre Auschwitz coproducida por Musealia y el Museo Estatal de Auschwitz-Birkeanu, que según figura en la web de la organización, reúne, por primera vez en la historia, “más de 600 objetos originales” con la intención de mostrar uno de los “capítulos más oscuros” de la historia de la humanidad para “remover la conciencia del mundo”.

Sin duda, este objetivo se ha cumplido en Madrid, porque la exposición que se inauguró en diciembre de 2017 se ha prorrogado hasta el 7 de octubre de 2018, superando la cifra de los 350.000 visitantes. Hace más de setenta años ,en aquel campo de concentración, sin un atisbo de esperanza algunos sabían que ese horror se tenia que contar al mundo.

Hoy esa esperanza arrancada de tanto sufrimiento pervive en el tiempo, al punto, que la empatía con los que sufrieron humillaciones sin límite se ha convertido en seña de identidad de un mundo que no les olvida. “No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda”. Esta frase de Ana Frank llena de vida sigue presente porque, si de algo sirve la memoria, es para combatir el olvido.

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Madrid revives the horror of Auschwitz after seven decades

The terror that was lived in the camp of concentration and extermination of Auschwitz (Germany) does not fit in the words. There more than 1,100,000 people were murdered. The horror instigated by the Nazi regime left an immaterial imprint on the conscience of humanity that served to deepen the idea of ​​not repeating barbarism.

In spite of so much madness, imposition, violence and unique thought, the rejection of those political movements based on hatred culminated in generating repudiation just by pronouncing the words fascist and Nazi. This rational triumph of language ended with a regime that blushed, even in the depths of the bowels, the collective imaginary of human beings.

This story is distant and close in time, because only 73 years have passed. To delve into that anguish is, like living a virtual relationship in the present, that brings the distant and makes it close by means of a computer connected to the electrical network.

However, the exhibition exhibited at the Arte Canal Exhibition Center achieves the same thing by transferring the most intense and visceral emotions of the repressed Jews to spectators who revive with disgust, anger and disbelief the reality of an unjust and irrational ideology that cut off lives, dreams and changed the world forever.

Under the title Auschwitz. Not a long time ago. Not far away the organization evokes a reality that shakes the public when it goes down the stairs of the premises willing to live in the first person a terrifying past, and start a journey in time, despite knowing that contemplating the horror will not include even the most minimum trace of indifference.

The huge exhibition hall, divided into cubicles, is full of spectators accompanied by a silence that floods the rooms, contemplating the unusual limits of moral turpitude, those who mistreated other human beings because they are different or, more clearly, Live your life in your own way.

The shoe of a child

Contemplating your personal objects is shocking but, even more so, knowing something of your past and your destinies in a hell, unmerited, built of irrational hatred towards the one that is different. It is moving to see the shoe of a child, about four years old, in which, still rests his little sock.

That object is the graphic and frightening testimony of death; of his death, of the deaths of so many Jews and of the death of a decadent Europe that, in part, vanished in the collective gas chambers, presumably, under the oxymoron of the final solution naively believing that this would end their enemy.

The most enormous sorrow is the sadness of knowing the existence of other human beings incapable of distinguishing between good and evil; indolent before the suffering of others, trying to save their world based on unsustainable foundations, which justified, in those years, the deaths of millions of human beings.

Tears come

This perception transcends in the room where the horror that reaches the soul is exhibited, to the consciousness of those who observe photographs of terrified people at the worst stage of their lives; some tears appear, sad looks and rictus of stupor that, hardly, they will be able to erase of their memories after contemplating the ignominy.

This is the only traveling exhibition about Auschwitz co-produced by Musealia and the State Museum of Auschwitz-Birkeanu, which according to the organization’s website, brings together, for the first time in history, «more than 600 original objects» with the intention of show one of the «darkest chapters» in the history of humanity to «remove the conscience of the world».

Undoubtedly, this objective has been fulfilled in Madrid, because the exhibition that was inaugurated in December 2017 has been extended until October 7, 2018, surpassing the figure of 350,000 visitors. More than seventy years ago, in that concentration camp, without a glimpse of hope, some knew that this horror had to be told to the world.

Today that hope torn from so much suffering survives in time, to the point, that empathy with those who suffered humiliations without limit have become a hallmark of a world that does not forget them. «I do not see the misery there is, but the beauty that still remains.» This phrase of Anne Frank full of life is still present because, if something serves memory, it is to combat forgetfulness.