Riaño, la vida después

Lo llamaban; y lo llaman, porque los paisajes ahí están todavía, la Suiza de León; y es la puerta leonesa a los Picos de Europa igual que Potes y Cangas de Onís son las puertas cántabra y asturiana. Pero Riaño parte con una ventaja. Y esa no es otra que su pantano, el mismo cuyo llenado en 1987 marcó un punto y aparte en la historia de esta villa de algo más de 400 habitantes que hoy es una de las capitales de la Montaña Oriental Leonesa.

Al pie de la vertiente sur de los Picos de Europa y a 95 kilómetros de León, Riaño levanta su moderno caserío a 1.130 metros sobre el nivel del mar en el paraje de Valcayo. Lo que hoy es el pueblo empezó a levantarse en 1980, mientras el Riaño histórico se enseñoreaba aún de la fértil vega que hoy cubre el pantano al que el pueblo da nombre.

El viejo Riaño era una villa ganadera que rondaba los 3.000 vecinos, pero el innegable atractivo de sus paisajes – aquí en Riaño comienza el Parque Nacional de los Picos de Europa- hizo a principios de los 50 que los entonces responsables del Ministerio de Turismo se decidieran a instalar en la localidad uno de los primeros Paradores Nacionales de la red. Después, ya en los sesenta y con el proyecto del embalse aprobado, el Parador y otros muchos negocios fueron cerrando puertas y el pueblo empezó un lento declinar que acabó abruptamente en diciembre del 87, cuando la Guardia Civil desalojó a los últimos habitantes del pueblo.

Hoy, el Parador es sólo un recuerdo que los vecinos reivindican siempre que pueden: “A Riaño y a toda la comarca se le debe mucho. El embalse que anegó el viejo Riaño produce electricidad para todo el país y permite regar fincas de toda Castilla y León. Ahora que nos jugamos el futuro a la carta del turismo, sería bueno que alguien en Madrid recordara que aquí funcionó uno de los primeros Paradores de España. Tenemos todo lo bueno que teníamos antes y el embalse es un atractivo añadido. Sería un éxito rotundo”, explica el propietario de uno de los muchos bares y cafeterías que llenan el pueblo.

Los fiordos leoneses

Y es que el turismo es al tiempo futuro y presente para un Riaño en el que la ganadería que hizo famoso al Valle es sólo una sombra de lo que fue. Con el embalse; llegaron tiempos nuevos, y tanto fue así, que los lugareños recuerdan como, al ocupar las nuevas casas, comprobaron perplejos que nadie había pensado en habilitar espacios para el ganado:

“Ni los ingenieros ni nadie repararon en que aquí, como en toda la Montaña, las cuadras estaban en los bajos de las casas. Había, dijeron, una normativa que decía que así no podía ser pero, nos complicaron la vida. Algunos de los que nos quedamos aquí a vivir hicimos cuadras nuevas fuera del pueblo, pero muchos marcharon. La gente no quería el pantano y, por eso nos opusimos. Hubo uno que, antes de verse desalojado por los guardias, prefirió pegarse un tiro, pero las protestas no sirvieron de nada y el pantano ahí está. Ahora nos toca aprovecharlo, porque es lo que tenemos. Y claro que lo aprovechamos, que hasta puerto deportivo hay”, cuenta uno de los pocos vecinos del Riaño viejo que aún quedan vivos.

Hoy, Riaño es ante todo un pueblo turístico. Un barco –navega para grupos de a partir de diez personas- surca las aguas del embalse y recorre lo que se ha venido en llamar los fiordos leoneses. También, para los más atrevidos, existe la posibilidad de cubrir el mismo recorrido en moto de agua y, quien no sea muy amigo de las fuertes emociones, puede optar por el senderismo, disfrutar de la pesca en las mismas aguas del embalse o de la caza en los montes cercanos, porque Riaño es Reserva Cinegética.

La villa acoge hoteles (Hostal Sainz y Hotel Presa), restaurantes (Restaurante Tanis, Parrilla Molino de Huelde), bares y apartoteles de precios ajustados y servicio esmerado. El pueblo está además bien surtido de tiendas perfectas para hacerse con productos de la tierra como los afamados orujos de Liébana y los embutidos y carnes montañesas. Desde el Ayuntamiento se esfuerzan en ofrecer actividades y, en julio, organizan –tres ediciones llevan ya- el Festival Música en la Montaña. Para el mes de agosto, en la segunda quincena, quedan las Fiestas patronales en honor a la Virgen de Quintanilla.

Con todo, y junto a los paisajes de ensueño y el suave clima que permite dormir del tirón hasta en pleno agosto, lo mejor de Riaño es su ubicación. Los Picos de Europa están a menos de media hora; León capital, a 95 kilómetros y, a veinte minutos, quedan Cistierna y Sabero; donde funciona, desde hace diez años ya y en lo que fueron los primeros Altos Hornos del país, el Museo de la Minería y la Siderurgia de Castilla Y León.

También muy cerca, a un cuarto de hora quedan los valles de Sajambre y Valdeón y, un poco más allá, está la comarca cántabra de Liébana, a la que se llega en menos de una hora. En la villa, además, un pequeño museo etnográfico recuerda lo que aquí hubo y aconteció antes de que, en un ya lejano 1987, la gente de Riaño fuese protagonista involuntaria de una lucha desigual en la que, dicen, ganó el progreso y no perdió nadie. Aquí, todavía, muchos piensan otra cosa; pero, sea como fuere; la gente de Riaño demuestra cada día que la vida sigue después. Con pantano ahora y antes sin él; Riaño, sus paisajes y sus gentes bien merecen una visita.

Riaño (León) Spain, life after

They called him; and they call it, because the landscapes there are still there, the Switzerland of León; and it is the Leon door to the Picos de Europa, just as Potes and Cangas de Onís are the Cantabrian and Asturian gates. But Riaño starts with an advantage. And that is none other than its swamp, the same whose filling in 1987 marked a point and another in the history of this village of just over 400 inhabitants that today is one of the capitals of the Eastern Mountain Leonesa.

At the foot of the southern slopes of the Picos de Europa and 95 kilometers from León, Riaño builds its modern farmhouse at 1,130 meters above sea level in the Valcayo area. What is now the town began to rise in 1980, while the historic Riaño still dominated the fertile plain that today covers the marsh to which the town gives its name.

The old Riaño was a cattle village that hovered around 3,000 neighbors, but the undeniable attraction of its landscapes – here in Riaño begins the National Park of the Picos de Europa – made at the beginning of the 50 that the then responsible of the Ministry of Tourism decided to install in the locality one of the first National Paradores of the network. Then, in the sixties and with the project of the approved reservoir, the Parador and many other businesses were closing doors and the town began a slow decline that ended abruptly in December 1987, when the Civil Guard evicted the last inhabitants of the town.

Today, the Parador is just a memory that the neighbors claim whenever they can: “A Riaño and the entire region is owed a lot. The reservoir that the old Riaño flooded produces electricity for the whole country and allows to irrigate farms throughout Castile and Leon. Now that we are playing the future of the tourism charter, it would be good if someone in Madrid remembered that one of the first Paradores in Spain worked here. We have all the good things we had before and the reservoir is an added attraction. It would be a resounding success, “explains the owner of one of the many bars and cafes that fill the town.

The fjords of León

And is that tourism is the future and present time for a Riaño in which the livestock that made the Valley famous is just a shadow of what it was. With the reservoir; new times arrived, and so much so, that the locals remember how, when occupying the new houses, they were perplexed that no one had thought of setting up spaces for the cattle:

“Neither the engineers nor anyone noticed that here, as in all the Mountain, the blocks were in the basement of the houses. There was, they said, a regulation that said that this could not be but, they complicated our lives. Some of us who stayed here to live made new blocks outside the town, but many marched. The people did not want the swamp and that’s why we opposed it. There was one who, before being evicted by the guards, preferred to shoot himself, but the protests were useless and the swamp is there. Now we have to take advantage of it, because that’s what we have. And of course we take advantage, that there is even a marina, “says one of the few residents of the old Riaño who are still alive.

Today, Riaño is first and foremost a tourist town. A boat -navega for groups of ten or more people- crosses the waters of the reservoir and goes through what has been called the fjords of León. Also, for the more daring, there is the possibility of covering the same route by water motorcycle and, who is not very close to the strong emotions, can choose to trek, enjoy fishing in the same waters of the reservoir or the hunting in the nearby mountains, because Riaño is Game Reserve.

The villa welcomes hotels (Hostal Sainz and Hotel Presa), restaurants (Tanis Restaurant, Parrilla Molino de Huelde), bars and aparthotels at reasonable prices and careful service. The town is also well stocked with shops that are perfect for making products from the land such as the famous Liébana pomace and sausages and mountain meats. From the Town Hall they make an effort to offer activities and, in July, they organize – three editions already take – the Music in the Mountain Festival. For the month of August, in the second fortnight, there are the patron festivals in honor of the Virgin of Quintanilla.

With everything, and next to the dreamy landscapes and the mild climate that allows to sleep of the pull until in full August, the best thing of Riaño is its location. The Picos de Europa are less than half an hour away; Leon capital, 95 kilometers away, and, twenty minutes away, Cistierna and Sabero remain; where it works, for ten years already and in what were the first Altos Hornos in the country, the Mining and Steel Industry Museum of Castilla y León.

Also very close, a quarter of an hour away are the valleys of Sajambre and Valdeón and, a little further on, there is the Cantabrian region of Liébana, which is reached in less than an hour. In the town, in addition, a small ethnographic museum remembers what happened here and it happened before, in a distant 1987, the people of Riaño was involuntary protagonist of an unequal struggle in which, they say, won the progress and did not lose no one. Here, still, many think differently; but, whatever it may be; the people of Riaño demonstrate every day that life follows later. With swamp now and before without it; Riaño, its landscapes and its people are well worth a visit.

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